25 de enero de 2008

Jóvenes ocultos

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Jóvenes ocultos (Joel Schumacher, 1987) pudo pasar al olvido como película mediocre que es, por su sencillísima estructura, sus personajes planos y su planteamiento infantilón. La propuesta del director norteamericano, no obstante, ha obtenido cierto éxito a la larga. Apostó por dar un giro al subgénero de vampiros y hoy en día es, para muchos, una película de culto y la propulsora de grandes títulos de temática vampírica. Sea como fuere, lo cierto es que en su intento de atraer a los adolescentes hacia este tipo de cine, Schumacher logró combinar varios elementos que han hecho que permaneciera en la memoria colectiva como una película diferente, especial.

La historia, desde luego, no es uno de sus puntos fuertes. Lost Boys narra las aventuras y desventuras de dos hermanos que se instalan con su madre (recientemente divorciada) en la tranquila ciudad de Santa Carla. Pronto se hacen eco de los rumores que corren sobre la existencia de vampiros y tienen la oportunidad de comprobar que no son sólo rumores. Unos jóvenes moteros se convierten del día a la mañana en su peor pesadilla. Michael, el hermano mayor (interpretado por Jason Patric), se deja seducir por la joven motera Star (Jami Gertz) y mete de este modo a su hermano menor Sam (Corey Haim) en una disparatada lucha por librarle del "lado oscuro".

Así pues, ¿cuáles fueron esos elementos por los que hoy es recordada? Hubo varios ingredientes (más o menos buscados) que se mezclaron para obtener la fórmula mágica. Uno de ellos, sin duda, fue su tono humorístico, gamberro, informal, desenfadado. Jóvenes ocultos podría compararse con el impacto de "Los Goonies" en el género de aventuras (de hecho Corey Feldman, más conocido como "Bocazas", sale en ambas películas). Se trata de filmes que han sabido mantener los elementos tradicionales y dar por otro lado un aire fresco. Así, en Jóvenes ocultos podemos reírnos con frases como "¡mi propio hermano es un vampiro de mierda, verás cuando mamá se entere!" y al cabo de un rato pasar unos tensos minutos observando a la pandilla de moteros liderados por David (Kiefer Sutherland). Los vampiros ya no tienen por qué estar en castillos y, además, pueden hacer reír sin renunciar a sus dosis de terror nocturno.

Otro de los ingredientes para el éxito (su relativo éxito) fue la estética. Los ochenteros trajes de motoristas, las propias motos, los peinados a la última moda (ahora lógicamente desfasados), la movida nocturna, el alcohol, chicas, playa... conformaron un espejo para muchos jóvenes de entonces y son hoy un cuadro ameno en el que recrearse. Añadamos a esto otro ingrediente: la impresionante banda sonora (con canciones de grupos como Aerosmith) y el menos buscado de todos los elementos: las curiosidades. Con el tiempo han pasado a la categoría de leyenda actores como Corey Haim y Corey Feldman (amigos con el mismo nombre, que fueron estrellas juveniles y luego vieron caer en picado sus carreras). Para ambos fue la última película con la que obtuvieron cierto prestigio. También fue conocido el hecho ocurrido entre Jason Patric y Keifer Sutherland. Tras fraguarse una gran amistad durante el rodaje, el primero le "quitó" la novia al segundo (era Julia Roberts) y las cosas entre ellos no fueron tan bien a partir de entonces.

Resumiendo, Jóvenes ocultos es una película de obligada visión, pero a estas alturas puede dejar indiferente. Para los nostálgicos un apunte: se está preparando "Lost Boys 2: The Tribe", que se estrenará este 2008. Y en esta secuela, más curiosidades: participa Corey Feldman ("Bocazas") y un miembro de la familia Sutherland. Por cierto, no esperéis verla en nuestros cines. Probablemente en ninguno.

22 de octubre de 2007

El Orfanato

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A media película, después de que en la casa se cerrase de golpe la enésima puerta (y todos diésemos el correspondiente saltito), un amigo me comentó a sottovoce: "pa' mí que la casa cae en rampa". Es cierto... y quizá si el arquitecto hubiera hecho bien su trabajo, o si el carpintero hubiese revisado a fondo esas bisagras, o si simplemente alguien se molestase en cerrar de vez en cuando las ventanas, quizá entonces nos evitaríamos algún que otro susto en este tipo de películas. Ahora bien, ¿puede imaginarse alguien un film de terror, con caserón tétrico incluido, sin algún que otro portazo? ¿Y qué me dicen de los ruidos, de esos ruidos que no vienen de ningún sitio concreto y no se pueden adjudicar a nadie ni a nada en concreto? Demasiado tarde para ser el jardinero, demasiado agudo para ser la caldera, demasiado grave para ser el aire. Tampoco pueden faltar los niños. Los niños siempre dan miedo. Yo estaba pensando en tener uno, pero he vuelto a descartar esa opción.

Bromas a parte, en El Orfanato funcionan los viejos trucos (que los hay, y a pares) y los nuevos (que también los hay). El debutante Jota ha demostrado tener un gran talento para la realización (ya lo sabían quienes venían siguiendo su trayectoria) y dirige con maestría una película angustiosa y muy inquietante. El guión es muy correcto... y aunque bebe de muchas fuentes, uno tiene que asumir que no hay nada nuevo bajo el sol desde tiempos de Aristófanes. La trama engancha, moviéndose entre el thriller y el terror, y al final nos sorprende como ya hicieran Los Otros o El Sexto Sentido (entre muchas otras, claro).

Sobresale, para mi gusto, la interpretación de Belén Rueda. Tanto que ensombrece la correcta interpretación de Fernando Cayo y del resto de secundarios. Rueda convence en la desesperada búsqueda de su hijo y el espectador sufre a su ritmo. Añadan a todo esto una fotografía excelente, muy adecuada al tono de la película, y tendrán una de las películas de terror más interesantes de los últimos años. Se confirma que dominamos el género.

24 de julio de 2007

Shrek Tercero

Sigue la caída libre del pobre ogro. Hubo un Shrek irreverente, tosco y sarcástico del que sólo quedan sombras. Hubo un burro tontorrón, pesado y graciosete del que apenas queda rastro, y algo parecido se podría decir de Fiona (que nunca tuvo demasiado chiste, todo sea dicho) e incluso del gato con botas, que se consolida como amigo inseparable de nuestro monstruoso amigo.

Con Shrek Tercero se pierde definitivamente la magia de este cuento, que debería darse ya por finalizado. Los guionistas estiran y estiran, probablemente a petición de los que huelen y manejan el dinero, pero ya no saben hacia dónde ir. Se agotan los recursos y los personajes son cada vez más blandos, menos sorprendentes, más... aburridos. Además, esta vez no hay personajes nuevos... al menos ninguno que destaque, que aporte algo nuevo. La historia, por otra parte, es relativamente entretenida, pero muy enfocada a un público infantil. Se acabaron las gamberradas y alguna que otra salida de tono. Todo es políticamente correcto, ningún animal sufrió daños mientras se rodaba esta película y bla bla bla. En fin, que al público adulto le puede entretener la trama, pero eso nunca ha sido la gran baza de Shrek. Lo genuino, lo auténtico de este cuento de ogros, era el gag absurdo, el disparate, la situación rocambolesca. Todo eso, a mi parecer, se empezó a perder en la segunda entrega, y muere finalmente en la tercera.

En fin, para mi gusto es la peor de las tres partes con diferencia. Un filme flojo, recomendable sólo para niños y adultos aburridos (era mi caso). De todos modos, sino tiene nada que hacer, si su pareja o sus hijos se empeñan, véala. No aburre, y eso ya es algo. Lástima que el cine se haya puesto a 7€. Si la hubiera visto en DVD quizá no me habría disgustado.

17 de julio de 2007

La heredera

Ambientada en la Nueva York de mediados del siglo XVIII, La heredera nos mete de lleno en las entrañas de la alta sociedad norteamericana de la época. Catherine Sloper (interpretada por Olivia de Havilland, que recibiría un Oscar por este papel) es hija de un rico doctor secretamente atormentado por la falta de simpatía, gracia y belleza de su única heredera, a quien constantemente recuerda las virtudes de su fallecida madre. No obstante, la ingenuidad y candidez de Catherine la mantienen en un aura de felicidad que sólo se ve amenazada por las exigencias de una clase social totalmente encorsetada. Su vida fluye sin grandes ajetreos hasta que en una de las múltiples fiestas a las que se ve obligada a asistir conoce a Morris, un joven galán que en seguida se muestra enloquecido por ella. Después de un breve cortejo, Catherine cae definitivamente rendida a sus pies y ambos deciden casarse. Sin embargo, el origen humilde de Morris y las sospechas de su padre, que desde el principio ve en él a un cazador de herencias, hacen que todo se complique y que la vida de Catherine cambie para siempre.

La heredera, basada en la novela homónima de Henry James, es sin duda una de las obras cumbres de William Wyler y del cine de los 40. Galardonada con 4 Oscar (actriz, dirección artística, vestuario y banda sonora) y otras 3 nominaciones (director, película y actor secundario) es en mi opinión una de las películas que ha retratado con mayor brillantez la evolución de un personaje (en este caso el de Catherine). De ingenua, cándida e insegura criatura, la heredera se convierte en un ser cruel, frío y recio sin que nadie ni nada pueda evitarlo. El fracaso amoroso, la decepción, el haberse sentido despreciada por su propio padre y otra serie de circunstancias acaban convirtiéndola gradualmente en una persona que nada tiene que ver con la que fue. Pocas veces un personaje protagonista sufre esta evolución, desde lo dulce hasta lo agrio, desde lo mejor del ser humano hasta su lado más oscuro. Y pocas veces un espectador puede sentir tantas emociones diferentes al observarle: lástima, simpatía, odio... Pero no sólo el personaje de Catherine brilla. Aunque más planos, los personajes del Dr. Austin (su padre) y Morris son otros dos grandes baluartes para este drama. Por una parte, el odio comedido que muestra el Dr. Austin por su hija, siempre incómodo en su presencia, avergonzado de su forma de ser y anclado al recuerdo de su esposa, y por otra el misterioso comportamiento del joven Morris, que tan pronto parece Romeo como un ladrón de guante blanco, hacen que en todo momento se mantenga la tensión y que uno sufra por el posible desenlace de cada encuentro a dos o tres bandas.

En definitiva, intenso drama que huye de los convencionalismos y que ofrece una visión diferente sobre el romanticismo. Gran duelo de mundos enfrentados, de valores e intereses abiertamente opuestos.

4 de julio de 2007

Café solo o con ellas

Al entrar al cine sólo cabe una pregunta: ¿será tan mala como parece? Y al salir sólo una respuesta: pudo ser peor. ¡Ojo! Esto no quiere decir, ni mucho menos, que sea buena. Ni siquiera es mediocre. Pero se queda en malilla, torpona, facilona, simple, vacía y otra serie de adjetivos que nunca son de halago, pero que podrían ser más corrosivos.

Del argumento no hace falta ni hablar. Cuatro treintañeros buscan su lugar en el mundo, y todo gira, lógicamente, en torno a las mujeres. Que si yo quiero casarme, que si a mí me han dejado, que si yo no me como un rosco, que si yo soy un ligón pero no encuentro el amor... en fin, cuatro situaciones más vistas que el tebeo, que se mezclan sin gracia ni arte y que sólo de vez en cuando son capaces de ofrecer alguna situación cómica merecedora de una sonrisa.

Café solo o con ellas será otra de esas películas que en dos días pasan al olvido. Aprovechando la fama de un par de actores de televisión y el tirón del formato "comedia romántica ñoña, pero graciosa, pero no tan graciosa ni tan ñoña" se lanzan al cine con la esperanza de que los cuatro adolescentes aburridos y las cuatro parejas despistadas que pululan por las multisalas se traguen este engendro. Es mala sin reparos, pero no mata de aburrimiento. Si no tienes nada mejor que hacer y alguien te paga la entrada, puede que hasta agradezcas alguna de las cuatro gilipolleces que hacen reír en toda la película. De hecho, si no buscaran descaradamente las situaciones fáciles, supuestamente emotivas o dulces, hasta habría tenido algún interés. Y también habría que cambiar a la mayoría de los actores, de los que sólo salvo al regordete. Y también la banda sonora, con éxitos de los 40 metidos para rellenar o para que te pongas tristón sin venir a cuento. Bueno, pensándolo bien, sobran tantas cosas que habría que hacer otra película para que tuviera interés.

29 de junio de 2007

Mediterráneo

Primeros meses de la II Guerra Mundial. Un reducido grupo de soldados italianos desembarca en una pequeña isla del mar Egeo. Importancia estratégica: cero, enemigos a la vista: cero, población: unos cuantos niños, mujeres y viejos. Con este planteamiento se presentó en 1991 "Mediterráneo", película de Gabriele Salvatores que se llevó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Desconocida para el gran público, esta comedia italiana tiene su fuerza en la sencillez. El argumento es simple: olvidados por su propio ejército, incomunicados y sin un objetivo claro, varios soldados con personalidades muy diferentes deben adaptarse a la apacible vida de la isla hasta encontrar una manera de volver a Italia. Así pasan tres años, durante los que se adaptan al ritmo tranquilo de los lugareños y a sus costumbres hasta que por fin se les presenta la oportunidad de regresar. No obstante, para varios de ellos la vida en medio del Egeo ha marcado un antes y después.

Con esta sencilla historia Salvatores nos entretiene durante hora y media, recreándose en las pequñeces del día a día, en las desvariaciones de soldados un tanto estrambóticos, algo alocados, con defectos y virtudes muy marcadas. Destaca el personaje del sargento, interpretado magistralmente por Diego Abatantuono, que tan pronto lo resume todo en "es una zorra", como se muestra comprensivo y pacificador ante los dilemas cotidianos. Quizá por lo que nos une a los italianos tengamos más posibilidades de sentirnos identificados con este pelotón, pues al verles satisfechos con sus cuatro necesidades cubiertas (sexo, fútbol, comida y alcohol) uno piensa que en realidad no habríamos actuado muy diferente. Pero me gustaría saber qué pensaron los anglosajones, tan disciplinados y responsables, al ver el pintoresco panorama que presenta Salvatores. Sin duda está asegurada la risa, aunque nunca busca el gag fácil... son sus personajes, con sus acciones y reacciones, quien te acaban obligando a desternillarte.

Se ha dicho que este filme fue sobrevalorado en su momento. Puede ser. Quizá está desaprovechado su potencial y en realidad, pese que me ha gustado, reconozco que deja algunas historias algo colgadas y que nunca acaba de profundizar en nada de forma particular. De todos modos me parece una película muy recomendable, que además deja en los últimos minutos una reflexión interesante sobre la soledad del ser humano, el amor, y el sinsentido de la guerra. Y, por su puesto, nos deja también preciosas imágenes de paisajes para el recuerdo... ¡quién pudiera perderse un tiempo en una isla así!

14 de junio de 2007

Bajo las estrellas

Excelente debut el de Félix Viscarret en largometraje. Apadrinado por Fernando Trueba, el joven director navarro ha sorprendido a todos con una atrevida cinta, Bajo las estrellas, basada en la novela "El trompetista del Utopía" de Fernando Aramburu. Como dijo Trueba en el preestreno: lo mejor de Viscarret es que tiene un estilo propio, algo que muchos no llegan a conseguir nunca. Estoy de acuerdo, y en Málaga deben pensar parecido: mejor película, director, actor protagonista y guión novel.

La historia es relativamente simple: Benito, un trompetista de segunda fila, fracasado, borrachuzo y desorientado, vuelve a Estella, su pueblo natal, para asistir al entierro de su padre. Allí recupera parte del tiempo perdido con su hermano Lalo, bonachón e inocente, y decide que merece la pena alargar la visita para librarle de la mujer con la que va a casarse: Nines (en otro tiempo juerguista y demasiado precoz para todo). Sin embargo, al conocer a su hija Ainara (rebelde e introvertida) nace una amistad inesperada y se abren nuevos caminos.

Es difícil decidirse entre comedia con tintes dramáticos o drama con tintes cómicos. En todo caso, está garantizada la risa, incluso la carcajada, pero también tiene un punto muy emotivo, un trasfondo muy humano, con personajes perdidos, maltratados, infelices, fracasados. La vida no les sonríe demasiado y si alguna vez tuvieron sueños, los han olvidado. Sin embargo, en los demás encontrarán las motivaciones suficientes para seguir adelante. Y uno, a media película, puede estar concentrado, pensando en esas cosas, en lo cruel que puede ser a veces la vida, en las injusticias, etc. y de pronto escuchar alguna sandez en boca de Benito (Alberto San Juan) y no poder evitar doblarse de risa. Sin duda la acidez de este personaje, que llama puerca a su joven amiga, y que no tiene reparos en darle un poco de marcha al entierro de su padre, es uno de los puntos fuertes del filme. Los son, de hecho, todos los personajes, interpretados además de forma excelente.

Destacan también la fotografía de Álvaro Gutiérrez y la música de Mikel Salas (ambos elementos acertados, cuidados, acompañando siempre al tono de la historia pero sin tomar el protagonismo). En definitiva, una película de notable, amena, fresca, interesante, a la que, por poner alguna pega, quizá sobra algo de metraje.

6 de junio de 2007

Tideland

Terry Gilliam comentó en la rueda de prensa que su esposa había dicho unas palabras sobre Tideland que a él le habían gustado mucho: "con esta película debes relajarte, sentarte frente a la pantalla y dejarte transportar. Si pones alguna expectativa concreta sobre ella, es posible que no la veas cumplida". Esta especie de definición es quizá ambigua, pero también lo es la sensación con que uno puede salir de la sala. Personalmente, me debatí entre "simplemente buena" o "jodidamente buena", pero entiendo que más de uno estuviese entre "simplemente buena" o "una puta mierda". De hecho, a Terry ya le va este juego desde siempre. Uno de sus objetivos es provocar, hacer pensar. A todas sus obras les imprime un toque muy personal, una magia especial que poseen pocos directores hoy en día. Y si alguna vez resulta plano, o excesivamente comercial, es porque está cogiendo carrerilla para hacer el tipo de películas que le gustan. Ésta es una de ellas. Gustará o no, le hará retorcerse de asco o no, reirá o no, llorará o no, pero él ha conseguido lo que quería: que la gente reaccione.

Se la ha calificado como película de género, pero no sabría decir por qué. Supongo que tiene un aire de cine fantástico, pero bien podría ser una comedia negra, o un drama, o cine de aventuras, o una mezcla de todas. Tideland cuenta la historia de Jeliza-Rose, una niña de 9 años que vive en el seno de una familia completamente desestructurada. Acostumbrada a vivir en unas condiciones poco favorables (a su padre tiene que prepararle cada noche un chute de heroína, su madre puede llamarle "zorra" y "cariño" en la misma frase, etc.), Jeliza-Rose ha desarrollado una gran imaginación y se evade fácilmente de la realidad con la ayuda de sus cuatro mejores amigas (cabezas cortadas de muñecas). La repentina muerte de su madre le lleva a viajar con su padre a una casa perdida de Texas (herencia de la abuela) y allí comienza una nueva etapa de su vida, donde cualquier cosa es posible (ardillas que hablan, submarinos en medio de una pradera...). De la mano de sus vecinos Dickens (un chico con retraso mental) y su hermana Dell (una solterona excéntrica) encontrará nuevas posibilidades para su increíble mundo.

¿Y cómo es el mundo de Jeliza-Rose? Es difícil de describir, pero tiene algo de Alicia en el país de las maravillas y algo de Miedo y asco en Las Vegas. Nunca llega a ser una historia entrañable y llena de aventuras como las de Alicia, pero tampoco llega a ser tan escatológica y disparatada como Miedo y asco en Las Vegas. Todo tiene un aire surrealista, pero al final nada es tan mágico como parece. Si me apuran también tiene un aire a La vida es bella. La realidad es que Jeliza-Rose vive el fin de su familia, la decadencia final, y que el destino la pone en manos de una familia igual o peor. Y, sin embargo, ella encuentra aventuras y nuevos motivos para la felicidad allí donde ningún adulto podría verlos. Lo que Terry hace es ponernos en su piel. Y lo mejor es no evadirse, no querer verlo desde fuera.

Dejando de lado la historia, merecen una mención especial la excelente fotografía, la estética, completamente adaptada a la historia, y la magistral interpretación de la niña, Jodelle Ferland (también destacan Jeff Bridges en el papel de padre y Brendan Fletcher como Dickens).

29 de abril de 2007

Borat

Llego tarde a esta crítica, pero ahora entiendo por qué. Algo dentro de mí se resistía, me decía que no la viera, que no malgastase el tiempo. No obstante, algunas críticas más o menos favorables y aquello de "habrá que verla, no sea que..." me empujaron finalmente a presenciar este espectáculo. Y cuando digo espectáculo no digo "wow, ¡vaya espectáculo!", sino "pff... menudo espectáculo...".

El argumento es tan simple como el resto de la película: tras una rápida presentación del protagonista y su surrealista entorno, le tenemos en USA, donde sus jefes esperan que haga un documental que sirva a Kazajstán, su país de origen, para aprender de la gran potencia. Allí Borat inicia un alocado viaje lleno de situaciones rocambolescas... y, en fin, si no doy más detalles no es por no desvelar nada, es porque no merece más.

El caso es que este falso documental no cuela ni como documental, ni como ficción, ni como híbrido, ni como nada. Se supone que tiene dos puntos fuertes: la crítica ácida, corrosiva, bla, bla, bla, y el humor descarado e irreverente. Bien, empecemos por la crítica. Borat, en su camino, se encuentra con personajes que, se supone, representan a la norteamérica profunda. Tenemos a algún racista, algún xenófobo y otros personajes pintorescos... ¿crítica inteligente? He leído eso en alguna parte y me parece que los niveles de exigencia están muy bajos. Es cierto que hay una voluntad de sacar a flote los trapos sucios de una sociedad realmente atrasada en muchos sentidos (al menos una parte significativa de esa sociedad), pero se queda siempre lejos de ser interesante, impactante o demoledora. Es un recopilatorio de anécdotas sueltas de las que no se puede extraer nada, salvo que uno no haya oído hablar nunca de los USA. Bowling for Columbine es una crítica demoledora, no esto. Podrán decir que es panfletista, pero aporta mucho y uno tiene la sensación de haber descubierto algo. Aquí no.

El otro tema es el humor. Creo, después de ver muchas comedias de todo tipo, que el gran problema es que la mayoría de gente carece de sentido del humor. A uno puede no gustarle un gag por dos cosas: no lo entiende, no comparte ese tipo de "chistes", etc. o bien se ve por encima. Es decir, lo entiende, es el tipo de humor que le gusta, pero no llega sus exigencias. Si usted es el tipo de personas que se ríe en las reuniones familiares, que se desternilla con las anécdotas del tío Paco y que considera a Ramón García como un humorista, entonces este filme le va a parecer muy descarado, irreverente y todas esas cosas. Si está de vuelta, si cree que hay pocas personas que tengan la capacidad de hacerle reír a uno a gusto, si es selectivo, tiene criterio y Los Morancos ni le hacen dibujar una mueca, entonces verá que Borat no llega, que lo intenta pero se queda en el camino. Y se puede hacer buen humor y una crítica profunda a la vez, que nadie se engañe. Los dibujos animados tipo "Los Simpsons", "Padre de familia", etc. son un gran ejemplo, o "La vida de Brian", por citar algún filme con actores reales.

En definitiva, no me parece ni inteligente, ni mordaz, ni graciosa, ni nada de lo que pretendían y de lo que muchos quieren ver. Se queda a las puertas de todo y sus gags escatológicos, en el fondo, son lo único que se salva. Si no soporta las bromas crueles, la mofa, la humillación, etc., entonces ni se plantee verla. Las burradas son lo único mínimamente destacable.

26 de abril de 2007

¿Quién dice que es fácil?

Vaya por delante que soy un "hincha" del cine argentino. Sí, ya sé que decir "cine argentino" puede ser tan abstracto como decir "cine español", donde nos encontraremos con películas tan diferentes como "Torrente III", "Los otros" o "Volver". Quizá me refiero al cine argentino que nos llega a España, o al cine argentino más popular, al intimista, preocupado por las relaciones y los caracteres humanos, al de películas como "El hijo de la novia", "Conversaciones con mamá", "Un lugar en el mundo", etc. El dominio de los diálogos y los silencios, de los personajes, del toque cómico incluso en el drama, del toque dramático incluso en la comedia, son algunas de las características de este "cine argentino" al que me refiero. Y "¿Quién dice que es fácil?" está en esta tónica, para lo bueno y para lo malo.

Taratuto, tras el éxito de "No sos vos, soy yo", vuelve a la carga con una comedia de similar planteamiento, liderada por Diego Peretti en el papel de Aldo. Propietario de un pequeño negocio de lavado de coches, su vida cambia cuando en uno de los pisos que alquila, contiguo al suyo, entra a vivir una joven y guapa fotógrafa. Aldo, de valores tradicionales, conformista y cobarde en general, pronto se ve cautivado por la magia de Andrea (Carolina Peleretti, que en vivo, por cierto, es tanto o más atractiva). Su nueva vecina es atrevida, inquieta y de una sexualidad muy activa. El amor que surge entre ambos supondrá un choque frontal de valores con un hándicap añadido: ella tiene un bebé cuyo padre no conoce.

¿Y por qué, "para lo bueno y para lo malo"? Si a uno le gustó "No sos vos, soy yo", le gustará este nuevo filme. Si uno aborrece el cine argentino, no encontrará aquí nada nuevo. Yo soy de los que siempre queda hipnotizado por esos ambientes humildes, por esas historias sencillas que, desde el drama o la comedia, o desde ambas, siempre tratan temas universales como quien habla del tiempo. La sexualidad de la mujer, el machismo, el amor entre opuestos, etc. son algunos de los temas que aquí salen a la palestra. Y, como siempre, personajes un tanto caóticos, muy humanos, sin grandes aventuras que contar, la mayoría antihéroes, pero siempre entrañables.

Taratuto y Solarz han optado por la comedia, y uno podrá encontrar más o menos clichés, más o menos lugares comunes, pero la fórmula, para mi gusto, vuelve a funcionar. Consiguen que la mayor parte del tiempo dibujes una sonrisa y, en muchas ocasiones, que te rías bien a gusto. Quizá esté un peldaño por debajo de su anterior película, pero es una obra entretenida, profunda en muchos momentos, y en la que uno tendrá la posibilidad de encontrarse a sí mismo.